Nuestra opinión: las cosas claras

Contar cuentos a estas alturas de la película en Correos es poco serio. Y peor aún es dar bandazos. Es triste ver algunas derivas de gente de cuya seriedad nunca hemos dudado. Pero cada cual es cada cual. Y punto.

Es evidente que a Saura y su equipo actual cabe exigirle (desde la óptica sindical) todo aquello que nos parezca justo y necesario. Pero viniendo de dónde venimos (6 años de desguace estructural económico y laboral de Correos), esto debería dar lugar a la reflexión.

En UGT intentamos tener-aún- la sensatez suficiente para no jugar a las coyunturas. Quedan 2 años para la gresca electoral de Correos y  nos da la impresión de que, en estos dos años post Serrano hemos hecho de todo menos recuperar el sentido de la realidad. Cada uno sabrá sus razones. Pero lo cierto es que Correos no está peor. Hablamos de la empresa, no de la gente, que de eso nos ocupamos todos cada día.

Correos sigue siendo empresa y servicio público, pese a quien pese, y reforzados en su naturaleza por medio de una ley reciente. Todo ello pese a que en Europa prima la privatización y, en algún caso (Dinamarca) la extinción. Hasta el extremo de que una reciente negociación salarial de las Administraciones Públicas nos ha permitido una subida  no prevista y negociada fuera del contexto de Correos.

Así que, rescatar Correos del desguace reciente y conseguir situarlo a flote en medio del mar tumultuoso de cambios tecnológicos, políticos y económicos que nos rodean, es una tarea muy compleja  y difícil. Sea el Gobierno que sea o sea el sindicato que sea. En este reto no va a haber salvadores ni genios de la lámpara por muy  mayoritarios o puristas que sean las banderas sindicales que enarbolen.

Aquí, o nos salvamos todos y entre todos. O esto se va al carajo. Y eso no significa darse besos, no discrepar o no ser autónomos en las decisiones (sindicalmente hablando) sino actuar , dentro del margen de saber lo que nos jugamos quienes queremos salvar a Correos de esos otros “salvadores” ( Fondos de Inversión, lobbies privados, Multinacionales expansivas, reconversores paqueteros y logísticos etc., etc.).

UGT ha intentado mantener el equilibrio en estos dos años y  no perder la brújula. No caer en tentaciones competitivas alentadas por directivos advenedizos que creyeron que provocando la división de dos sindicatos, conseguirían más poder y concluir que todos los sindicatos aportan en una negociación si no se dejan llevar por la fantasía de que cualquier cosa vale para arañar un afiliado del vecino o para secuestrar voluntades con el reclamo de pedir firmas( y datos) a compañeros y compañeras con señuelos de proyectos de consabidas ensoñaciones de futuro o reclamaciones refritas colgadas de péndulos judiciales.

Conclusión: Retomamos una negociación ralentizada por causas que todos sabemos, salvo quienes hayan querido  crear una realidad paralela. Serrano no está (aunque ha dejado Correos trufado de herederos) y Saura aún no se ha ganado la petición de cese, ni siquiera en un arrebato de versión teatral sindical. Por exigirle, diríamos que en todo caso debe cesar la actitud de tibieza y que ponga lo que quede por poner en su sitio.

Sobre la nueva ronda negociadora. Las propuestas de futuro, que se pongan en la mesa de forma clara y transparente, sin trampas ni cartón (por muy complejas o difíciles que parezcan). No volvamos a épocas pasadas. Por otra parte, ese fantasma que se agita a veces interesadamente sobre las elecciones políticas. Ese proceso sucederá cuando toque y tal vez otros Saura vendrán (o depende del resultado este mismo seguirá). Es decir, lo que sea menester  será.

Así que seguiremos no precipitarse y fijar la atención en el presente y los desafíos actuales. Lo principal es que, si hay cambios  algún día, nos pillen asentados en algunas convicciones sobre el futuro del servicio público postal y lo más lúcidos posibles para tener claro que el peligro mayor no está en las filas sindicales por mucho que nos equivoquemos.

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